Sunday, July 11, 2010

Se veía venir...
Finalmente, he sucumbido ante los encantos de unas maravillosísimas Cat Eyes (ver post anterior). Sí, soy débil y no voy a discutirlo.
No fue algo premeditado, pero ocurriría tarde o temprano.
Mr. Pátula y yo paseábamos por Chueca y, casi sin querer, pasamos por delante del escaparate de Óptica Toscana. La poderosa fuerza magnética de unas preciosas gafas me atrajo hacia el interior de la tienda, venciendo la firme oposición de Mr. Pátula.
Yo entré sólo para mirar, como siempre, y, de haber ido sola, hubiera salido también como siempre, con las manos vacías. Pero, desgraciadamente, iba escoltada por el malvado Mr. Pátula, que pronunció las palabras malditas: Te quedan genial, cómpratelas!
Recórcholis! Mi sentido común calló fulminado al suelo y me olvidé automáticamente de mis pobres y raquíticos ahorros... Gradúame, que me las quedo. 
Y cinco días más tarde, después de casi 5 años de larga espera, las Cat Eyes de mis sueños se posaron por fin en mis ojos. Y colorín colorado....

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