Sunday, April 17, 2011


The Selby
Al final va a ser verdad eso que decía mi madre de que padeceré Síndrome de Diógenes a una edad muy temprana...
Pero es soy incapaz de deshacerme de mis cosas. Por más que las miro y las remiro, intentando ver de cuál de ellas prodría prescindir, no hay manera, son mis cosas, MIS COSAS, y las necesito conmigo, aunque sólo sea para mirarlas y poder decir "ahí están, míralas, son mis cosas y siempre van conmigo"
Mi piso es muy pequeño y la verdad es que ya está un pelín saturado. Así es que debería de poner en práctica la teoría del reciclaje decorativo: por cada cosa nueva que entre en casa, debería de salir otra. Parece una buena solución, no? Pues no, eso es traición! No puedo tirar mis cosas de toda la vida, las que me han acompañado siempre fielmente, las que me traen tantos recuerdos y que si pudieran hablar contarían de mí más que mi propia familia. No, lo siento, el hecho de que entre un ser inerte más en mi vida, no me da derecho a darle una patada a mi historia. 

Pero a qué llamo yo “mis cosas”? Pues básicamente, mis cosas son mis libros , mis lámparas, mis colgante,, broches y anillos. Pero sobre todo, mis libros. Compro libros por vicio. Algunos los compro porque son bonitos, aunque sé que no los voy a leer. Es lo que me pasa con los libros antiguos. Hace poco me compré en el Rastro un tratado de matemáticas en alemán... No digo más. Seré librofílica? O se dice bibliofílica? Voy a registrar el término.

Me he planteado comprarme un Ebook de esos, que dicen que son muy útiles. Pero creo que finalmente no lo voy a hacer porque a pesar de eso no voy a dejar de comprar libros físicos. Los libros son su olor, sus palabras expectantes, deseosas de ojos curiosos, sus pastas duras o blandas, el tacto del papel, el efecto del tiempo en sus hojas... Nunca dejaré de comprar libros, ésa es mi cruz. Pero es que ya no caben más...

Hace una semana juré por Paul Auster que no volvería a comprar libros en al menos seis meses. Desde entonces, he comprado 5... Dos de ellos son de mis autores favoritos, Monzó y Nothomb. Otro, de Clarice Lispector, apuesta segura. Y los otros dos los compré bajo coacción y amenazas. Bueno, no fue exactamente así, pero decirlo hace que me sienta menos culpable. Son “Rojo y Negro” de Stendhal y “Santos que yo te pinte”, de Julián Rodríguez (demonios se tienen que volver) :-P
Me los recomendó un amigo amante y entendedor de libros; lo que a mí me hacía falta, vaya, alguien que me dé argumentos para seguir comprando...

Tula Malcriada
Y para colmo, hace dos meses descubrí un garito en Malasaña, Tipos Infames, que se ha convertido en mi perdición. Es un café-librería de lo más cool (o cult-cool) del que soy incapaz de salir con las manos vacías. A partir de ahora les llamaré “Malditos Infames!”. Aunque, dejando a un lado mis vicios y falta de autocontrol, diré que es un garito muy recomendable: buena selección de vinos, buena selección de libros, cursos de cata, presentaciones y muy buen ambiente. El negocio lo regentan tres socios la mar de amables y siempre dispuestos a hacerte una buena recomendación literaria. El local es antiguo y tiene el encanto de la piedra, las vigas y las tuberías vistas. La decoración es adecuada aunque yo cambiaría las sillas. Tienen las Nordmyra de Ikea, que no están mal, pero quedaría mejor alguna silla de diseño retro industrial, como la Tolix, en cualquiera de sus versiones. 

Éste lleva camino de convertirse en uno de mis “sitios para perderme” preferidos de Madrid. No dejéis de visitarlo. Está en la calle San Joaquín, 3.

Blog de Adolfo
A la carta para dos

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