Julio no es sólo el mes en el que el sol se me tiñe de negro.
Julio también es el mes que alumbró al espíritu ingrávido que cosería mi corazón a besos.
Julio es un mes agridulce.
Julio es el mes.
2012 es nuestro año.
Un guiño. Un beso. Otra noche en vela.
Ya me conoces. Puedes llamarme Mr. Tyler...
Julio también es el mes que alumbró al espíritu ingrávido que cosería mi corazón a besos.
Julio es un mes agridulce.
Julio es el mes.
2012 es nuestro año.
Cierras la puerta con cuidado, dejas el casco en el sofá y suspiras aliviado. El calor de julio en Madrid amilana los ánimos y las sangres mansas.
Me ves sentada a la mesa, escribiendo, y resuelves escabullirte en silencio para no espantar a las musas. Sólo un beso al aire y desapareces tras la puerta de la cocina.
No sé estar a una pared de ti.
Me levanto, abro la puerta, te miro. Empezamos a acusar el cansancio. Dos cafés cargados.
Me preguntas si me preocupa algo.
Si me preocupa algo...
No. Nada importante. Estoy escribiendo.
No sé por dónde empezar. Ni siquiera sé si debo empezar. La idea me ronda la cabeza desde hace días. ¿Ha llegado el momento? ¿Puede afectar a alguien? ¿Cambiará algo? No debería de darle tantas vueltas.
Vuelvo a mi tarea.
Regresas al salón armado con dos cervezas negras, unos cortes de un queso verde y un pequeño arsenal de besos. Descargas.
Te sientas sigiloso a mi espalda. Te observo a través del espejo mientras lías un cigarro. Gesto sobrio. Mirada parda y briosa. Perfil noble. Manos soberbias.
Te observo como alma devota a un dios estático. Me admiro una vez más de la lealtad petrea de mi suerte.
Me descubres en el reflejo, alcanzas una silla y te sientas junto a mí.
Miras de soslayo la pantalla del ordenador.
Tula Malcriada.
Sin rodeos.
¿Lo vas a hacer?
No lo sé. Me apetece, pero no sé si te agrada.
Es cosa tuya, Tulita. Es tu blog, y esta historia es tan tuya como mía.
No sé...
Señorita Tula, haga usted lo que le plazca. A mí me encantará cualquier cosa que usted escriba.
Ok, pues. ¿Y cómo quiere usted pasar a la historia de este blog?
Puedes llamarme Mr...
¿Cómo?
Mr...
¿Mr. qué?
Déjame pensar...
Un guiño. Un beso. Otra noche en vela.
Ya me conoces. Puedes llamarme Mr. Tyler...

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