En una época de luz solar inmensa me pesa la abrupta sombra de no tenerte para contártelo, vivirlo, emocionarte, llorar y disfrutarlo conmigo.
Me gusta pensar que me mandas brillos para que nunca deje de sonreír.
Me gusta pensar que cada buena persona que llega a mi vida es un regalo tuyo por algo que hago bien. Y cada mala, un toque de atención para que nunca baje la guardia.
Me gusta pensar que no me pierdes de vista, que de alguna manera manejas los hilos de mi vida mientras me lanzas besos encaramada a una estrella suspendida más allá de los planetas.
Me has dado todas las lecciones que me quisiste dar de viva voz, cuando ya apenas te alcanzaba el aliento. En todo este tiempo me has mandado gente de buen corazón, gente con la sangre podrida, gente sin sangre y sin corazón, para, finalmente, mandarme el corazón que me habría de endulzar la sangre.
La absurda idea de que tenías que irte para poder encauzar nuestras vidas en la dirección adecuada me causa tanta tristeza que me libera.
La absurda idea de que tenías que irte para poder encauzar nuestras vidas en la dirección adecuada me causa tanta tristeza que me libera.
Uno de los mejores momentos de mi vida.
Y tú no estás para compartirlo conmigo.
El destino es un cabrón. Nunca me cansaré de decirlo.
El destino es un cabrón. Nunca me cansaré de decirlo.

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